lunes, 17 de agosto de 2009
El fin del Monopolio
domingo, 9 de agosto de 2009
Reflexiones a la hora del crepúsculo
Comparto esta nota del Página 12 del domingo 8/8/09
Reflexiones a la hora del crepúsculo
“Sólo por amor a los desesperados
conservamos aún la esperanza.”
Walter Benjamin
La política y sus tiempos. La política y la capacidad de devorar en un instante todo aquello que amenaza con salirse de las exigencias de lo urgente. La política y la clausura del pasado, pero no entendido como tiempo cristalizado, como núcleo de una melancolía insoportable, sino entendida, la política, como dominio abusivo y brutalizador del aquí y ahora que vuelve ilegítima cualquier fidelidad o, más grave todavía, cualquier persistencia en un giro anacrónico del lenguaje y de las pasiones. Todo debe jugarse en el absoluto del presente que engulle sin piedad los entusiasmos de ayer. No parece quedar ni la sombra del recuerdo o, cuanto mucho, una leve mueca de autoconmiseración por haber sido tan ingenuos, tan poco realistas, tan absurdamente quiméricos, que pudimos imaginar en un momento de extravío y alucinación que éramos testigos, y quizás parte, de un cambio histórico, de una rara inflexión de una época previamente anunciada como de clausura. A la hora del crepúsculo, como decía el viejo Hegel, la filosofía levanta vuelo para intentar comprender lo sucedido. Son muchos los que se despiertan de su largo sueño, ese que prolongaron mientras las cosas sucedían sin ellos o contra ellos, para dedicarse a recordarnos todo lo que se ha hecho mal, todo lo que se hubiera podido hacer y no se hizo. Son los críticos de última hora, los aventajados que saben sacar ventaja cuando las hojas ya han caído del árbol pero que nunca se atrevieron a enlodarse cuando la historia se volvía barro y urgencia. Son aquellos que nos lanzan a boca de jarro que gracias a los desaguisados del kirchnerismo hoy regresa la derecha y amenaza con volverse nuevamente hegemónica. Olvidan, prefieren hacerlo, que si la derecha restauracionista está entre no-sotros es porque algo sucedió en estos últimos años, algo de lo insólito y de lo inesperado que, entre otras cosas, reinstaló la cuestión degradada de lo político y nos ofreció la rara oportunidad de recuperar, bajo nuevas condiciones y abriéndonos a otras posibilidades hermenéuticas, lenguajes rapiñados en tiempos de oscuridad y de derrota; mundos conceptuales que se nos habían extraviado o que habían sido sometidos a la dura crítica, que suele ser impiadosa, del acontecer histórico.
¿Qué fue de las izquierdas siempre esclarecidas y dueñas de la verdad y de las tradiciones nacional-populares en los noventa, más allá de sus insistencias dogmáticas y de sus cegueras para intentar leer la densidad de los nuevos tiempos? ¿Qué fue de ese progresismo bienpensante, pulcro y republicano cuando le tocó la hora de ejercer el gobierno? ¿Qué fue de los libros que nos ampararon al construir nuestras biografías político-intelectuales cuando tuvimos que recorrer el arduo pero indispensable camino de la revisión crítica? Algunos intentamos construir refugios para guarecernos de la tormenta desatada sobre todos nosotros por una época brutal del capitalismo vencedor; refugios en gran medida apartados de la escena pública y de la política allí donde ambas parecían alejarse miles de kilómetros de aquello que creíamos significativo (los ladrillos con los que construimos esos refugios estaban hechos de los saberes amados, de los libros que nos apasionaron, de aquellos otros que no habíamos leído en las horas de la urgencia y, por qué no reconocerlo, de los dogmatismos). Otros resistieron dando batallas minoritarias y testimoniales, valiosas en sí mismas. Los más cerraron el folio de sus antiguos compromisos juveniles para adaptarse a las nuevas condiciones de una época cruel y antiutópica. Todos, de diversos modos, sufrimos el impacto de ese giro impensado en el interior de nuestra historia reciente.
¿Cuesta regresar al punto de partida como para intentar otra mirada? ¿Qué éramos y dónde estábamos en el 2003? ¿Qué esperábamos de ese a destiempo alocado que se llama/ó kirchnerismo? ¿Qué fue de la anomalía y de la excepcionalidad, apenas un giro ingenioso del lenguaje para dar cuenta de lo que no podíamos dar cuenta? ¿Olvidamos, acaso, las escrituras ciertas, por aparentemente incuestionables, de lo destinado nacional, las marcas persistentes de lo peor en el cuerpo de la sociedad que no esperaba y menos deseaba lo que aconteció inesperadamente el 25 de mayo de 2003? ¿Qué país éramos en ese inicio catastrófico y degradante de un milenio que nos devolvía la imagen de una decadencia indetenible? ¿Qué nos había sucedido durante la década menemista?, una década que se comió el alma de gran parte de los argentinos que, como en otros momentos graves de la historia, olvidaron rápidamente sus compromisos y sus opciones. Esas mismas opciones que hoy, convenientemente travestidas, regresan de la mano de una derecha mediática (así, al menos, la veía Nicolás Casullo a la derecha en esta época de un neoliberalismo articulado no sólo como giro económico del capitalismo sino, fundamentalmente, como revolución cultural afincada en los lenguajes universal-homogeneizantes de los medios de comunicación de masas), capaz de penetrar en lo profundo del sentido común de vastos sectores sociales y de modificar intensamente los imaginarios de época para fusionarlos con los objetivos del poder económico y de sus prácticas culturales. El enceguecimiento posmoderno del aquí y ahora, la lógica avasalladora del instante parecen apropiarse de nuestra capacidad para auscultar los signos del presente mirándonos en el espejo de un pasado que, aunque ya no lo sepamos ni lo queramos o podamos ver, insiste en nosotros recordándonos dónde estábamos y de dónde veníamos.
Errores, muchos, pero cómo no cometerlos cuando el giro loco de la historia hacía tiempo que había dejado huérfanos de ideas a los supuestos portadores de lo emancipatorio (ya se que muchos dirán que lo venían advirtiendo, usarán sus certezas incontaminadas para demostrar que las maneras de comprender este tiempo de la historia son equivalentes a las que siempre hemos utilizado como si las furias de esa misma historia no nos hubieran atacado impiadosamente, cual termitas que se devoran maderas carcomidas por el paso del tiempo). Descreerán de lo extraordinario que hasta hace muy poco era la marca de la originalidad, de la de ellos y de la nuestra. Dirán (¿diremos?) que todo fue apenas una ilusión, casi un equívoco, como quien toma una calle que de repente lo conduce hacia una zona de la ciudad que permanecía desconocida, hasta que se da cuenta de que eso mismo que le resultaba desconocido era tan sólo una falsa escenografía. Mientras tanto los pasos nos devuelven a lo conocido, a las desilusiones de siempre pero satisfechos por nuestros aciertos y nuestras aseveraciones autocumplidas. Ni un resto de fidelidad a ese loco entusiasmo que nos tomó desprevenidos, regreso al redil del realismo o, peor, del posibilismo. De nuevo a asumir la sensatez, a regresar a la seriedad que necesita una verdadera República y de la que carecimos a lo largo de esta experiencia alucinada que descuidó, eso nos dicen desde diversos lados, las formas. Se acabó, el tiempo de la anomalía se volvió espectral, es apenas un fantasma que ya no asusta a nadie y, mucho menos, recorre nuestras geografías devastadas, una vez más, por la seriedad de lo inexorable. Los tiempos se han cumplido y hemos regresado a nuestra cotidianidad, aquella que se despoja de la esperanza imposible para afirmarse en la certeza de lo cumplido como anuncio de lo peor, es decir, el fin de la excepcionalidad y de la espera sin garantías.
¿Eso es lo que deseamos? ¿Tanto para tan poco? ¿No es acaso ahora, cuando el desfiladero se estrecha, el momento de la insistencia, la loca afirmación de lo a deshora? ¿No es éste el núcleo de lo imaginado como lo propio de esas cartas abiertas que se nos ocurrió escribir para decir de otro modo, con otras palabras, aquello que estaba sucediendo y que amenazaba, una vez más, con tragarse lo inaugurado en el 2003? ¿No constituyó una sorpresa, para propios y extraños, y en especial para la derecha mediática, la aparición de esos intelectuales que salían a defender a un gobierno impresentable, desprolijo, soberbio, hegemónico y rodeado de piqueteros? ¿Imaginábamos que los avatares laberínticos de nuestras vidas nos permitirían esta segunda oportunidad para intervenir, ahora de otro modo y con las enseñanzas del dolor a cuestas, en la escena política? ¿No fue acaso esa desprolijidad plebeya la que nos conmovió y nos convocó cuando toda forma de “gestión” de lo público parecía definitivamente capturada por los lenguajes tecnocráticos y por las apelaciones hipócritas a la calidad institucional mientras se desguasaba el Estado y se agusanaban las lógicas de la distribución de la riqueza en nombre de las sacrosantas leyes del mercado? ¿No intentamos, acaso, darle forma a nuevas palabras que buscaran dar cuenta de lo propio de una época anómala, sabiendo que lo político se muere allí donde no se reinventa bajo otras experiencias y en la búsqueda de nuevos lenguajes? Lo único garantizado en este tramo de la experiencia humana, decía Theodor W. Adorno con un cierto dejo de pesimismo, es la reproducción de la barbarie. Tal vez por eso lo que queda, lo que nos queda, es seguir insistiendo. Hoy más que nunca para impedir que se consume esa barbarie que, entre nosotros, lleva la forma de la restauración conservadora.
El kirchnerismo (¿pero... qué es eso?) nos donó lo que parecía perdido: la actualidad de nuestras nostalgias, la alegría de intensidades olvidadas, la oportunidad de un entusiasmo crepuscular y bello. Abrió las compuertas cerradas de la política habilitando un diálogo que parecía imposible entre generaciones separadas por los abismos de la historia y de las derrotas. Asustó, sí, asustó como hacía mucho tiempo que no ocurría a los poderes de siempre, a esa derecha que sintió un escalofrío y que tuvo que iniciar el camino de la horadación del Gobierno para clausurar cualquier intento de cambio posible en un país que había renunciado a todo cambio. Demasiado, al menos para mí, como si lo ajado hubiera encontrado una nueva e imposible circunstancia para fugarse de lo cumplido y asomar de nuevo su rostro por las sendas de una historia continental. Como si aquellas reflexiones benjaminianas, las que nos recuerdan el potencial dislocador y subversivo de la nostalgia en una época dominada por el instante y la fugacidad, se hubieran vestido con las galas de lo impensado y de lo inesperado permitiéndonos reencontrarnos con nuestras mejores tradiciones intelectuales y políticas. Extraña circunstancia en la que incluso pudimos recuperar una poética de la emancipación transformándola en el lenguaje extravagante, por injurioso de las formas aceptadas, de cartas lanzadas al ruedo de la política. ¿Valió la pena? Kirchner se ha equivocado mucho, eso decimos y seguramente tenemos razón... pero acaso ¿si no se hubiera equivocado, algo de lo acontecido hubiera sucedido? ¿No somos el resultado de un error, no es la actualidad nacional ese a deshora del que hablaba hamletianamente o apelando, por qué no, a los espectros de Marx? ¿No se abre ahora, precisamente ahora, un tiempo para entramar los hilos de las lenguas que se hablaron durante estos años de yapa? ¿Hay algo de gratitud en nosotros? ¿Vale en política la fidelidad gratuita? ¿Pecaremos de ingenuos? En fin, perdón, por estas reflexiones crepusculares.
sábado, 25 de julio de 2009
“No ganaron los otros, perdimos nosotros”
ENTREVISTA A HECTOR RECALDE, DIPUTADO NACIONAL, en ZOOM
“No ganaron los otros, perdimos nosotros”
Por Roberto Koira
Para el diputado nacional Héctor Recalde (que renovará su mandato a partir del 10 de diciembre próximo) la derrota del kirchnerismo en las recientes elecciones legislativas no significa el principio del fin sino una advertencia de la sociedad al gobierno de Cristina. Por esta razón, este abogado laboralista y alma mater de la CGT en el Congreso es optimista de cara el futuro. Con Revista ZOOM analizó (antes de que estallara la interna con los Gordos) la continuidad del proyecto nacional y las leyes que la central obrera piensa impulsar en Diputados.
—El 28 de junio, ¿la gente votó el modelo de un país sojero, en lugar del modelo de un país que saque a la gente de la pobreza y privilegie el trabajo?
—El 28 de junio del ‘66 fue el golpe de Onganía y el 28 de junio de 2009 el golpe fue para nosotros. No coincido con el planteo. Creo que la sociedad nos dio un tirón de orejas. No ganaron los otros, perdimos nosotros. Esta es mi lectura, y respeto otras. La razón es que no supimos profundizar los cambios: no se redistribuyó la riqueza, no bajamos tanto como queríamos la desocupación y el trabajo en negro, que bajó pero no lo necesario. Ojo, que tampoco vamos a minimizar los logros, porque acá hubo un cambio copernicano en mayo de 2003, fundamentalmente para los trabajadores. Pero no alcanzó. Entonces, uno tiene que tomar lectura de lo que la ciudadanía votó. A mí no me gusta hablar de la gente, yo digo pueblo o ciudadanos o la sociedad, gente es posmoderno. Creo que es útil tomar enseñanzas de ese voto y ver cómo corregimos las conductas. Estoy absolutamente convencido de que no tengo que cambiar un solo ápice de mis convicciones, principios e ideales, pero sí la metodología, la intensidad. En ese sentido hay que avanzar más, con más profundidad y rapidez. Y soy optimista para el futuro, absolutamente.
—¿Cómo percibe al actual bloque oficialista de Diputados? ¿Hay deserciones? ¿Qué alianzas prevé para la Cámara a partir del 10 de diciembre?
—Estuve hablando con Agustín Rossi y el bloque está firme. Lo que va a quedar expuesto el 10 de diciembre, con la nueva integración de la Cámara, es que lo que dijeron en la campaña electoral los distintos sectores de oposición deberán concretarlo en hechos y actos. Porque es muy fácil hablar de la redistribución de la riqueza sin decir a quién le sacamos para darle a quién. Dicho así, es nada más que una afirmación retórica. Por eso, en la cancha se ven los pingos.
—Algunos hablan de que no hay futuro para el kirchnerismo. Otros señalan que del 2003 para acá el kirchnerismo consolidó una franja electoral del 30%.
—Yo lo que creo es que perdimos votos, aunque es cierto que se avanzó del 2003 en adelante. No hay que autoengañarnos, pero acá nadie murió. “Los muertos que van matando gozan de buena salud”, hay que decirles a algunos que están presagiando la muerte del kirchnerismo, del peronismo y el revivir de la derecha y los sectores económicos concentrados. Eso es lo que quisieran, pero me parece que se equivocan. Nosotros estamos vivitos y coleando, y además con mucha fuerza para recuperar lo que perdimos.
—El kirchnerismo ¿sigue siendo la fuerza política que lleva la bandera de la defensa del Estado para intervenir en la economía y arbitrar ante el mercado en defensa de los más débiles?
—Esa es la esencia del peronismo, que nació realmente para llegar a una sociedad más igualitaria. Por eso la defensa de los trabajadores, de los desposeídos como decía Evita. Esas son nuestras fuentes y en eso vamos a seguir peleando.
—Hoy no resulta sencillo definir quién es peronista…
—No basta cantar la marcha, no basta golpearse el pecho y gritar “Viva Perón”. Hay que actuar como peronista. Hay muchos que no sé si se tiñeron el pelo, pero no son peronistas. A mí no me pueden decir que Macri es peronista… El peronismo es un movimiento muy amplio con muchos sectores de opinión, pero hay que tener la esencia, que son las tres banderas. Si uno apoya el golpe a Honduras no puede ser peronista. Si uno no está por la redistribución de la riqueza, concretamente diciendo a quién se le saca para darle a quién, no es peronista. Si uno quiere seguir dependiendo del Fondo Monetario Nacional, no es peronista. Más que dar nombre y apellido, esos son datos concretos de lo que yo creo que es el posicionamiento peronista. Lo otro, solo sirve para engañar y confundir al pueblo.
“Queremos salir de la legislación laboral de la dictadura”
—Omar Plaini, en una entrevista para ZOOM, dijo que la CGT va a discutir la ley de contrato de trabajo para volver a la original de Norberto Centeno. Usted es autor de numerosas correcciones a la ley actual. ¿Puede ser posible, con esta coyuntura, que el movimiento obrero logre ese objetivo?
—Eso es lo que hablamos con la CGT. Es más, el año pasado le hicimos un homenaje a Norberto Centeno el 7 de julio en la CGT y vinieron Néstor y Cristina. Además, yo fui compañero de trabajo de Centeno asesorando a los gastronómicos y él fue el númen de la ley de Contrato de Trabajo del año ’74. Y yo era un perejil, pero ayudaba. Mi eje, con relación a lo laboral, es salir de la legislación laboral de la dictadura. Te voy a contar una anécdota poco conocida: en las elecciones del ‘83 participé en los equipos políticos y me tocó redactar la parte laboral de la plataforma electoral del PJ. Más o menos, en términos generales, decía que no solamente por las razones de fondo, sino por un imperativo ético, la primera ley que iba a sancionar el gobierno (suponíamos que Luder ganaba) era derogar toda la legislación laboral de la dictadura, poner en vigencia la anterior y después se discutía cómo mejorarla. Queremos poner en vigencia la ley de Centeno. Lo vamos a trabajar con Plaini a partir del 10 de diciembre y ahora se va a enriquecer el trabajo con la presencia de Julio Piumato, que ya accede a la banca hasta fin de año en reemplazo de Jorge Coscia (que asumió como secretario de Cultura).
—¿Van a trabajar para que quede constituido el Consejo Económico y Social con una ley del Congreso?
—Es una vieja aspiración de la central obrera. Hay que tener mucha grandeza de los sectores empresarios para que no haya gatopardismo y pequeñeces. Creo que hay que ir a las fuentes y releer el acta de compromiso nacional de junio de 1973 para ver la riqueza y profundidad que tenía un acuerdo social como el que en aquel momento se firmó entre el movimiento obrero, el sector empresario y el gobierno. Entre José Gelbard (por el ministerio de Economía), José Rucci (por la CGT) y Julio Broner (por la CGE).
—¿También la CGT va a trabajar el aumento de las asignaciones familiares y en el combate al trabajo en negro?
—Yo tengo dos proyectos que me parecen muy trascendentes con relación al trabajo en negro y para buscar vías oblicuas para que baje. El primero se aprobó casi por unanimidad en Diputados y está en Senadores. Ojalá que los compañeros senadores se acuerden de que ya está y le metan manija. ¿De qué se trata? Pagarle subsidio por desempleo al trabajador en negro despedido. Lo protegemos, desincentivamos este tipo de contratación (que es un delito) y al mismo tiempo conseguimos algo que Perón decía: “la gente es buena y si uno la controla es mejor”. Hay un problema estructural del Estado argentino, que es la dificultad de controlar la aplicación de las leyes en cualquier materia. Esto lo escribí 10 días antes de Cromañón, que es un ejemplo paradigmático de lo que no debe suceder por falta de control. ¿Por qué digo eso? Cada compañero en negro despedido, que va al Ministerio de Trabajo a pedir que le paguen subsidio por desempleo, se convirtió en un inspector de policía de trabajo gratis y esta diciendo: “Ahí donde yo laburo hay trabajo en negro”.
—¿Cuál es el otro proyecto?
—El segundo, y aquí hay una diferencia con la CTA, es una asignación universal por hijos que nosotros la planteamos en dos etapas. La primera es que se le pague salario familiar a todos los trabajadores de la entidad privada que no lo perciben. ¿Quiénes son? Los que están en negro, porque los otros, como hay un fondo compensador, tienen el beneficio. El que está en blanco cobra siempre el salario de desempleado. Basta que el trabajador vaya con la fotocopia de la partida de nacimiento y firme en una declaración jurada y diciendo dónde labura para que se le pague el salario familiar por hijo, porque ahí tenemos otro más para ver dónde tenemos trabajo en negro. Otra vez tenemos inspector de policía de trabajo gratis. Cuando hayamos terminado esta etapa, entonces ahí vamos a asignación universal. Pero empecemos por esto, que tiene un valor agregado. Por eso digo que el combate contra el trabajo en negro tiene en mí a un peleador.
martes, 30 de junio de 2009
PARA EL PUEBLO QUE LO MIRA POR TV
Mi mamá no tiene ni idea de quién es Ricardo Forster.
Carta Abierta para ella es una hoja desplegada con muchas letras o a lo sumo un naipe al descubierto.
No tiene ni idea mi vieja de la existencia de los Planes de Desarrollo Social que se llevan a cabo hace años, como el Plan de Seguridad Alimentaria, el Plan Ahí, el Plan Nacional de Familias o el Plan de Deportes.
Pero sabe que Francisco tiene un Plan.
Mi nietito, que todavía no va al colegio primario, es muy inteligente.... Por lo que le enseñamos en casa, reconoce letras, banderas de países, músicas que no figuran en los rankings, camisetas de equipos de futbol, plantas y animales de la selva.
Por lo que no le enseñamos pero es imposible ocultar, también conoce a Spiderman, a los villanos de los video juegos, canciones de moda, marcas de golosinas y las caras de Macri y de De Narvaez.
Con la misma inocencia que responde a la pregunta, ¿de qué cuadro sos? con un orgulloso ¨de River y de Argentina¨ , si le decís ¨alica¨ te contestará ¨alicate¨.
Entonces, si en la reciente elección no conseguimos los resultados que deseábamos y ha quedado consagrado un personaje que hace unos meses era desconocido... ¿¿¿qué es lo que no logramos de manera eficaz???: COMUNICAR.
Y no fue por falta de ideas o propuestas para comunicar.
No fue por falta de esfuerzo en comunicar.
Como nunca antes, desde el regreso de la democracia, he visto un fervor militante conmovedor. Se ha roto el alma cada compañero comprometido con las ideas del campo popular, para hacer escuchar su grito en las calles, en los actos, en la discusión, en cada barrio, en cada casa y hasta en el espacio virtual con correos, blogs, sitios, etc.
Los candidatos deben estar exhaustos luego del maratón de caminatas, caravanas, manifestaciones, charlas, debates, discursos, saludos y peleas.
Pero no logramos ¨medir¨ en los grandes medios de comunicación. Medios que, por cierto, le deben una gran disculpa al pueblo argentino por las insinuaciones de fraude y además por su inocultable y en muchos casos, obscena parcialidad.
Esos medios reclaman nuestra Autocrítica.
Pues bien, la mayor Autocrítica que debemos hacernos, es que nosotros poseemos herramientas para comunicar (canal de televisión y entes de cultura) y no logramos desde allí transmitir la mínima mística de nuestra ideología ni la mínima información con los formatos adecuados para que mi madre y mi nieto miren desde otros miradores.
Anoche, con el pecho estrujado por la desazón, luego de ver a Néstor Kirchner confirmando el resultado de la votación, puse Canal 7, y estaba... Riverito anunciando el pozo y recontrapozo vacante de la lotería!!!
Esta mañana, en la primer búsqueda de los necesarios abrazos compañeros para intentar arrancar de vuelta, también puse Canal 7.... y había títeres.
Debo reconocer que la función de títeres era más divertida e instructiva que el partido de basquet femenino que transmitían en horario central el día que había cuatrocientos cortes de rutas simultáneos en los tiempos de furia de las patronales rurales.
He sintonizado ese canal en búsqueda de aire fresco cuando en cientos de noches he visto prácticamente en cadena nacional cómo, sin ningún pudor, los programas de periodismo político y su elenco estable de invitados vomitaban su odio al gobierno popular... y no encontré aire fresco, más bien encontré repeticiones de documentales de la gacela acosada por el leopardo o de la vida de los insectos en Oceanía.
Ese aire fresco que pretendo respirar no es con un canal de televisión que sea barrabrava oficialista. Es con un espacio que muestre (todo el tiempo) a nuestros pensadores, a los de hoy, a nuestros mejores dirigentes, periodistas, artistas y comunicadores. Que ponga ideas sobre la mesa, las nuestras y las verdaderas ideas que escondieron los adalides del marketing (y que a veces se les escapan sin querer, como la idea de reprivatizar o de volver al FMI)
Es cierto que hay honrosas excepciones en la programación de la televisión pública. Como es más cierto que con eso no alcanza.
Tenemos los medios, tenemos las herramientas. Porqué no usarlas para comunicar, más aun cuando nos vienen destrozando la honra y las ilusiones.
Porqué no pedir que nuestros entes de cultura nacionales y provinciales se embarren y dejen de ser nichos petiteros, llenos de gente más conmovida por las estéticas elitistas o los lugares comunes de nuestra vapuleada identidad, que por la urgente necesidad de ayudar a moldear un pensamiento libertario, de pueblo, de garra y de fe en el futuro.
En los días de campaña, me han llamado de innumerables entidades. Concurrí a todos los eventos que pude. Con orgullo he subido a grandes escenarios y a improvisadas tarimas a contar y a cantar mi esperanza de vivir en un país mejor.
Nadie me llamó desde la dirección de la Secretaría de Cultura de la Nación ni del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Y no me molesta que no me llamen como cantautor, ellos tendrán sus gustos... Me duele que no me hayan llamado ni de público para concurrir a un concierto que temple más mi aguante, a una muestra que me conmueva con una foto o una pintura que describa el linaje de las luchas populares que heredamos, o a una charla que me ofrezca más conocimiento o a un acto que me entregue argumentos para defender mejor nuestros proyectos o a la inauguración de un espacio cultural frente a un asentamiento o al debut de una orquesta popular integrada por ex pibes de la calle.
En este rubro también y por suerte, hay honrosas excepciones, pero tienen que ver simplemente con el impulso local y la decisión de algún buen funcionario que pueda tener el ente cultural de determinado lugar y no con una política aguerrida a nivel territorial.
Hoy es un día después del resultado no deseado. No estamos derrotados. Y todavía estamos a tiempo de sumar al sacrificio militante, la inteligencia y el coraje para utilizar las herramientas y los medios necesarios que nos ayuden a llegar a nuestro irrenunciable destino de victoria.
Recién entonces mi mamá sabrá que el joven filósofo Ricardo Forster tiene mejores cosas para contarle que Carozo y Narizota.
ALGUNOS ANÁLISIS INTERESANTES
Eduardo Aliverti en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/127421-40815-2009-06-29.html
J.M. Pasquini Durán en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/127447-40828-2009-06-29.html
Horacio Verbitsky en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-127444-2009-06-29.html
Luis Bruchstein en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/127448-40829-2009-06-29.html
Gerardo Fernández en su blog "Tirando al Medio"
http://tirandoalmedio.blogspot.com/2009/06/elogio-de-la-derrota.html
Daniel Calabrese en su blog "En Torno a la Comunicación"
http://entornoalacomunicacion.blogspot.com/2009/06/el-verdadero-ganador-del-28-clarin.html
Eduardo Real en su blog "Apuntes desde la Centroizquierda"
http://centroizquierda.blogspot.com/2009/06/gano-clarin.html
lunes, 29 de junio de 2009
EL TRIUNFO DE CLARIN
Sin dudas, la resonante derrota de Néstor Kirchner a manos de la lista de Unión Pro, es "el" resultado, pero como bien dijo la Presidenta esta tarde en conferencia de prensa, los resultados hay que analizarlos globalmente, con perspectiva nacional, y considerando las bancas que se retuvieron o perdieron en cada una de las cámaras.
Hay números que hablan por sí solos, como la antes mecionada derrota oficialista en Provincia de Bs As, y como la también clara derrota del kirchnerismo en todos los grandes centros urbanos del país.
Pero hay un partido que fue el único que ganó en todos y cada uno de los padrones más nutridos del país. Un partido que ganó todas las pulseadas que jugó ayer. Un partido que confirma su extraordinario poder, y su profundo poder de penetración en los actores sociales: el Grupo Clarín.
En el distrito más importante, hizo ganar a SU candidato, y derrotar a SU archienemigo, nacionalizando la derrota oficial.
En la Ciudad de Bs As se ocupó de que el Acuerdo Cívico y Social retrociediera al 3er lugar, haciendo peligrar la banca de la ultracastigada (por el Grupo) Carrió, y favoreciendo, por efecto rebote, el resultado mencionado en el párrafo enterior.
En Santa Fe, logró, finalmente, que la "esperanza blanca" (SU esperanza para 2011) se alzara con un triunfo que pareció peligrar la última semana.
Logró borrar al oficialismo en la provincia de Córdoba, y que Cobos sea un firme candidato a seguir en la Casa Rosada en 2011, pero en otro despacho.
Por supuesto que tuvo aliados para este triunfo. Los otros grandes medios nacionales son sus socios (cuando no sus empleados) para esta "cruzada nacional".
Noble y Magnetto mostraron sus armas. Son poderosas. Poderosísimas. Más que las del más mentado.
Esta es una de las tantas razones (sino LA razón) por la que urge la sanción de la nueva Ley de Medios Audiovisuales. Para no seguir presos del monopartidismo en la República Argentina.
miércoles, 24 de junio de 2009
LA CAMPAÑA Y LAS PROPUESTAS
Esto no es inocente, claro.
La intención es caerle una vez más a los políticos ("clase" política como les gusta llamarlos) y su, aparentemente, poca lucidez, o inteligencia, u honestidad o todo junto. Esos seres despreciables que sólo quieren el poder para manejar dinero y apropiarse de recursos, para provecho personal o para vaya uno a saber qué.
La responsabilidad mayoritaria, obviamente, viene a ser la de quién ostenta el poder hoy día, es decir el kirchnerismo (o Cristinismo, como gusten).
Y los candidatos opositores, se supone, son quienes reúnen algunas de aquellas virtudes (honestos, inteligentes, profesionales, etc.) y son los adalides de la justicia, y son quienes nos salvarán de las malévolas garras de todo el resto de mafiosos, ladrones e inoperantes que nos gobiernan ("nos saquean").
Bien, repasando la campaña, entonces... ¿qué podemos observar?
Claramente, que el caballito de batalla de los "adalides" opositores es la "inseguridad". ¿Qué proponen hacer al respecto? Nada. Solo mencionar que existe, y que quienes deberían combatirla no lo hacen, y,por supuesto, con oscurísimas intenciones. ¿Qué harían ellos? Ni idea... Nunca mencionaron solución algun para el tema.
¿Qué más dicen? Poco... Casi nada, diría... alguna crítica a la gestión actual, algún palito, alguna chicana, y punto.
Eso es todo.
Ahora, si vemos y escuchamos y reescuchamos y revemos a los candidatos del oficialismo... ¿qué vemos? lo que los Medios Masivos se empeñan en negar y negar: la(s) propuesta(s).
¿Acaso no es una propuesta clara y concreta continuar con este modelo, con este proyecto? ¿no son propuestas el sostener la industria nacional y el nivel de empleo con recursos estatales? ¿no es una propuesta la intervención del Estado en asuntos clave como los servicios y el sistema financiero? ¿es no hablar de nada cuando se defiende la integración regional en cada foro internacional en los que la Argentina (ahora) participa? ¿no es claro cómo se defiende y reinvindica el lugar de la Corte Suprema de Justicia, y clara la política de Derechos Humanos? ¿nada significa que no se reprima NINGUNA protesta y/o reclamo, por más pequeño o sectorial que sea?
Puedo seguir con preguntas/propuestas hasta llenar páginas y páginas.
Hubo -y todavía hay- un sólo sector que habló de un proyecto y de propuestas concretas.
A no tragar sin más el discurso de la "campaña pobre".
Quienes no quisieron, no tuvieron qué o no se animaron a proponer, fueron los sectores que todos conocemos, de derecha, o de centro, conservadores o demócratas o republicanos.
Quizás si dicen en voz alta lo que quieren (como se le escapó en las últimas horas a a dos de ellos, del mismo partido, el PRO), sepan que reducirían sensiblemte su caudal de electores.