Sucita el título del presente post, el editorial del día sábado 5 del periodista Eduardo Aliverti en su programa "Marca de Radio", y publicado en la edición de Página 12 del dia de ayer, lunes 7.
Y referencia, obviamente, a Mauricio Macri, flamante candidato a presidente de la Argentina para las próximas elecciones del mes de octubre, según sus propios dichos.
En lo que querían hacer foco estas breves y modestas líneas es, justamente, en la concepción de "la política" por parte del ex CEO de Sevel Argentina SA, y su modo de ejercerla.
Lejos está de considerarla una vocación, claro está, porque es algo en lo que uno puede decidir "entrar" de un día para el otro, como también un día puede retirarse. Esto se deduce de sus declaraciones recientes, en las que sugiere que "voy por la Presidencia y si no gano me voy a casa con Juliana..."
Es algo realmente curioso. Y lo que hace es no más que dejar claro que para él la política es un juego y una ambición mera y únicamente personal, en la que, de paso, puede erigirse como héroe de sus congéneres empresarios "raza blanca", tan amigos del establishment, las corporaciones y la Iglesia Católica.
Pero, de todos modos, siempre estaría subyaciente que el mérito es puramente personal, y el reconocimiento y las luces caerían en su persona.
Nada de construcción partidaria, o política. Nada de militancia o militantes y esas palabras y cosas tan asociadas a los "negros" o a los "zurdos", no, no. Nada de eso....
Porque, claro, de todos modos, en caso de no ganar las elecciones y "tener" que alejarse definitivamente de la política para dedicarle todo el tiempo a su nueva y bonita esposa, la tapa de "Caras" y de "Gente" sigue garantizada.
La plata está. La herencia también. Las empresas y la mujer millonaria y famosa, también...
Si no llega a Presidente, nada cambia. A disfrutar de Palermo Chico y Punta, y por qué no, París, Milán y New York.
Sólo quedará una pequeña herida en el orgullo, pero con el reconocimiento de clase de que "al menos lo intentó", y que no fue poca cosa haber sido Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Tiene para tres generaciones con eso.
No habrá defraudado a sus amigos, ni a los amigos de papá, ni a sus socios de los negocios, ni sus socios "ideológicos".
Solo no habrá podido subir ese último escalón, muy deseado por cierto, del Hall of Fame que, ya si, sin dudas, lo hubiese catapultado al estrellato divino de los hombres patricios, fundadores y restauradores del orden patriarcal de la República.
Aspira al ballotage, y apuesta a que aún más de la mitad de los argentinos (o por ahí) son o de derecha, o fachos, o reaccionarios, o gorilas. O un poco de cada cosa.
Faltan pocos meses para que la sociedad elija el color de la esperanza de Maurizio (Verbitsky dixit): o rosada, o aguada...
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